A esta realidad la familia habría de cuestionar sus actitudes y jerarquía de valores:
- ¿Nos ocupamos con tiempos de calidad de cada uno de los miembros de la familia, conocemos sus necesidades afectivas y las atendemos prudentemente?
- ¿Consideramos que el temperamento de los hijos es moldeable, somos conscientes del impacto que tienen nuestras actitudes en ese proceso?
- ¿En los momentos de conflicto: los adultos discuten frente a los menores, saben crear espacios de enfriamiento para analizar lo acontecido o se toman decisiones guiados por el impulso de resolver pronto?
- ¿Cuando la familia pierde la paz se busca el consejo de alguien externo, o se vuelve una y otra vez a analizar el problema sólo desde la perspectiva de los que sufren el problema?
- ¿Se considera como pérdida de tiempo el diálogo porque hay que ir a trabajar o los adultos están cansados y les urge descansar dejando de lado lo que ocurre con los hijos?
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