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domingo, 1 de noviembre de 2015

La Familia signo de vida, luz de esperanza para reconstruir la paz.

La familia como primera comunidad en que el ser humano se desarrolla, se constituye en el lugar privilegiado para trasmitir la vida, no solo biológica, sino esencialmente la que trasciende y que emerge de las necesidades psicológicas satisfechas a su debido tiempo y del aprendizaje de las virtudes y valores  experimentados en las emociones y testimonio de otros seres humanos dentro de la interrelación del grupo familiar.

A esta realidad la familia habría de cuestionar sus actitudes y jerarquía de valores:
  1. ¿Nos ocupamos con tiempos de calidad de cada uno de los miembros de la familia, conocemos sus necesidades afectivas y las atendemos prudentemente?
  2. ¿Consideramos que el temperamento de los hijos es moldeable, somos conscientes del impacto que tienen nuestras actitudes en ese proceso?
  3. ¿En los momentos de conflicto: los adultos discuten frente a los menores, saben crear espacios de enfriamiento para analizar lo acontecido o se toman decisiones guiados por el impulso de resolver pronto?
  4. ¿Cuando la familia pierde la paz se busca el consejo de alguien externo, o se vuelve una y otra vez a analizar el problema sólo desde la perspectiva de los que sufren el problema?
  5. ¿Se considera como pérdida de tiempo el diálogo porque hay que ir a trabajar o los adultos están  cansados y les urge descansar dejando de lado lo que ocurre con los hijos?
Dar respuesta a estas interrogantes puede ser un primer diagnóstico de cuán necesitada está una familia de reorientar su brújula para ser signo de luz para sus miembros y, ser el primer paso para caer en la cuenta de las heridas que deben sanar para iniciar el proceso de reconstrucción de la paz.


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