"Los jóvenes mexicanos se encuentran en una encrucijada. Por un lado, desean acceder a la educación media y media-superior; por el otro, tienen que aportar recursos a sus hogares o, a menudo, tienen que mantenerse por su cuenta.
Merecen –desde nuestra perspectiva– particular atención. Pues casi siete millones de jóvenes entre 15 y 29 años de edad, no están atendidos por las instituciones educativas y tampoco se les ofrecen oportunidades de trabajo formal, por lo que los encontramos muchas veces dentro de actividades productivas no reguladas o en la ociosidad total" No. 10 del documento Educar para una Nueva Sociedad
Las palabras del documento evocan la realidad de muchos niños y jóvenes de la sociedad mexicana que, atrapada en la pobreza extrema, no cuenta con los recursos para enviar a los hijos a la escuela o la emergente necesidad de llevar el pan a casa los obliga a involucrarlos en el trabajo desde temprana edad. Por otra parte quienes tienen la posibilidad de asistir a una escuela tienen que afrontar las deficiencias emanadas de la situación del Magisterio mexicano que, en su mayoría, parece estar más preocupado por solucionar su situación laboral que por elevar la calidad de la educación que imparte a las nuevas generaciones.
El panorama anterior parece acabar con toda esperanza, sin embargo recordemos que es importante el esfuerzo que cada familia realice por formar a sus hijos, por participar activamente en las actividades escolares que promuevan que sus hijos y profesores se empeñen por hacer de la educación un instrumento de liberación, aún existen excelentes maestros y otros con el deseo de serlo...
Es preciso acercarse a:
"organizaciones que inspiradas en el cristianismo promueven la dignidad de la persona en el ámbito empresarial, campesino e indígena; en el ámbito de la promoción de las mujeres, los maestros, y el compromiso cívico-político; y, en la defensa de derechos humanos en general, del derecho a la vida en particular, del medio ambiente y de nuestras tradiciones y culturas." Del encuentro con Jesucristo, n. 388.
Ante este panorama los padres han de tomar conciencia de su función como primeros educadores y del impacto de su ejemplo de vida en los hijos, es preciso promover la educación desde la casa con espacios de lectura, de esparcimiento con contenido cultural, de visitas a centros de cultura públicos, de compartir buenos documentales de televisión o revistas y sobretodo de promover la vivencia de los valores humanos. No dejemos todo a un sistema educativo que parece no encontrarse a sí mismo y que desde la perspectiva de muchos sólo se mueve espiral sin principio ni fin en búsqueda de su propio sentido.

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